Mujeres en el silencio del olvido

Publicado en 22 Enero 2015

Wassily Kandinsky -1926, Serie de agujeros

Wassily Kandinsky -1926, Serie de agujeros

El  sol   cae  lentamente,  gira  alrededor de  las calles,  extiende  su calor  sobre  los tejados,  sobre   los  edificios,  sobre  la  vía,  sobre  las  mujeres  que  llegan  a  la  vía.  El   calor  a cada  momento es  más  intenso.  Son  diversas  mujeres  que llegan  con la piel  curtida,  entretejidas  quizás  por   una  vida  de   amores,  desengaños   y  olvidos.  Llegan  a  reclamar  la ayuda  que  el gobierno ha prometido.

Una mujer que se aproxima a la puerta  de  la oficina.  Su presencia  lánguida se  acentúa  con  voz  débil  para  pedir  permiso en medio  de  la  fila.  Sus manos frágiles,  se  levantan  para  sostenerse,  bajo  unos brazos fuertes  de  una  mujer  que  la  acompaña.  Camina  con  dificultad  en   medio del  sopor del  calor.  

Tiene aproximadamente  80 años,  es una  mujer  que  se  evapora  bajo  el  tiempo menguado,  quizás  por  lunas  que poco a poco, avisan y  presagian  un  final.

Ella  es  el  silencio del olvido  de  un  país  que  como  estampita  del sagrado corazón,  desconoce   los  derechos   ciudadanos.  Es  el cauce  del olvido, en la mentira  que  crece  como  rio  revuelto,  donde,  muchos  de  sus ciudadanos creen que  decretar es  dar por  hecho.  La  mentira más abominable.  Allí,  bajo,  un  sol   estrepitoso   entra por fin  a  la  oficina  de  envíos  a  recibir  la  pequeña  cuota ,  que   el   gobierno  ofrece   cada  dos  meses  a  mujeres sumidas en la pobreza:

¡Ciento veinte mil pesos¡  sesenta dólares o si , se quiere 50  euros… 

Cada dos meses- las mujeres hacen largas filas,  para  recoger  parte  de  la mal llamada seguridad social que el gobierno colombiano ofrece a mujeres mayores de  edad.  Causa estupor la imagen.

Son mujeres entradas en años, que  per saeculo saeculorum  subyacen  en  la memoria  del  olvido estatal.  Es  el  abandono  que  ejecuta  el mundo burocrático,  bajo varias lunas…

Pienso en  su  vida , su  familia, su  barrio ,  la  ciudad  de  lo  que  no  es.  El tiempo  con  su concupiscencia,  bajo  la  verborrea de unos y el silencio de otros,  se atisba, ahuecado, miserable,  rancio  de  repeticiones.

Sin duda, Colombia,  adormecida,  inmóvil,  desgraciada,  subyace aún  bajo   un  siglo  que  no  despierta.

 María Fernanda Quintero

Escrito por Maria Fernanda

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